¿Quien es el Espíritu Santo?

El Espíritu Santo es una persona igual a Dios el Padre e igual a Dios el Hijo. Estas tres personas componen lo que conocemos como la Santísima Trinidad. Al Formar parte de la Trinidad obliga a pensar que Él es una persona real, de no serlo, no podría ser igual al Padre ni al Hijo. Así que la idea de que él es una fuerza activa o un algo, se descarta cuando descubrimos que tiene sabiduría e inteligencia, que es omnipresente y todo poderoso como lo son el Padre y el Hijo.

La palabra que se usa en el Nuevo Testamento para identificar al Espíritu Santo es Parákleton, a quien Jesucristo llamó el Consolador, uno que es llamado al lado para ayudar. En el texto bíblico se menciona como el Espíritu Santo, el Espíritu, Espíritu de santidad, Espíritu de Dios, Espíritu de Verdad, Espíritu de Cristo, Espíritu de adopción; entre otros. Para representarlo se usan símbolos como la paloma, el fuego, aceite, vino nuevo, el agua, etc.

Hubo una época en que no se sabía mucho sobre la persona del Espíritu Santo. Los grandes textos de teología dedicaban dos o tres páginas para hablar de Él cuando trataban el tema de la Santísima Trinidad. Con el tiempo se despertó un interés especial en la tercera persona de la Trinidad, hasta el punto que hoy en día la gente está familiarizada con su existencia. Hoy tenemos mucho más conocimiento de su persona que la que un creyente común tenía en siglos pasados:

El Espíritu Santo se relaciona con las personas produciendo el nuevo nacimiento en ellas cuando se convierten a Cristo. Jesús le dijo a Nicodemo que el nuevo nacimiento es un “nacer del agua y del Espíritu” (Evangelio. De Juan capítulo 3:3-5). A los que nacen de nuevo el Espíritu Santo les transfiere los dones que Él posee y, además, hace que el fruto del Espíritu se produzca en la vida del cristiano. El Espíritu Santo hace honor a uno de sus nombres, “el Espíritu de Santidad”, santificando al creyente hasta que alcance la madurez perfecta (puedes ver la epístola de Pablo a los Efesios en el capítulo 4).

El Espíritu Santo es el compañero del camino. Desde el día de Pentecostés hasta nuestros días Él ha estado con la Iglesia y así será hasta que el Señor Jesucristo retorne a la tierra. Gracias damos a Dios por no dejarnos huérfanos y darnos al consolador, el cual está con nosotros todos los dias. Amén.

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